Abonado en permacultura: cuidar la tierra para nutrir al huerto
- jennyguillen21
- hace 13 horas
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En permacultura, abonar no es solo aportar nutrientes: es restaurar y fortalecer la vida del suelo. Un suelo sano retiene el agua, alberga microorganismos beneficiosos y sostiene cultivos vigorosos sin necesidad de insumos externos agresivos.
En huertos de tamaño medio —como parcelas de unos 50 m²— planificar el abonado de forma consciente es clave para mantener un ecosistema productivo y equilibrado.
Cinco consejos de abonado para el huerto:
Aporta compost de calidad en otoño y primavera: Antes de iniciar la temporada de cultivo, distribuye 10–15 kg de compost maduro por cada 10 m² (equivalente a 50–75 kg para 50 m²), extendiéndolo en la superficie y mezclándolo ligeramente con la tierra. El compost es la base de la fertilidad natural: alimenta microorganismos y mejora la estructura del suelo.
Usa estiércol bien descompuesto con prudencia: Si dispones de estiércol muy estabilizado (de bovinos o equinos), aplícalo en reposo del huerto. Para 50 m², 8–12 kg uniformemente distribuidos aportan nutrientes sin desequilibrar el sistema. Evita usar estiércoles frescos directamente sobre plantaciones, ya que pueden “quemar” raíces y favorecer desequilibrios microbianos.
Integra cobertura vegetal y acolchado nutritivo: Más que “fertilizar”, en permacultura buscamos alimentar el suelo constantemente. Mantén la superficie cubierta con una mezcla de residuos vegetales, hojas secas o mulch ligero. Para 50 m², un acolchado de 5–8 cm reduce pérdidas de agua, calma las temperaturas del suelo y, al descomponerse, añade materia orgánica.
Fertilizantes verdes y asociaciones de cultivos: Plantar leguminosas (guisantes, habas) o abonos verdes (vegas, tréboles) en sectores que descansan ayuda a fijar nitrógeno en el suelo. En 50 m², dedicar 10–15 m² a una mezcla de abono verde durante el reposo estacional puede aportar nutrientes de forma natural, sin laboreo profundo.
Observa y ajusta, nunca sobrefertilices: Antes de aplicar cualquier enmienda, mira el suelo y las plantas: ¿las hojas son pálidas o robustas? ¿hay presencia de lombrices? ¿el suelo se desmorona en tus manos? En permacultura, la observación continua guía las decisiones de abonado. En un huerto de 50 m², menos es más: pequeñas aportaciones bien distribuidas suelen ser suficientes.
Un abonado pensado desde la permacultura transforma la parcela en un suelo vivo, capaz de regular humedad, almacenar nutrientes y sostener cultivos diversos sin depender de insumos externos agresivos. Esto se traduce en:
Incremento de materia orgánica y microorganismos beneficiosos.
Mejor retención de agua y estructura del suelo.
Cero inputs químicos y menor impacto ambiental.
Cultivos más fuertes y resilientes frente a plagas y estrés climático.
Ciclo nutritivo cerrado, donde los residuos del huerto regresan como alimento para la tierra.
En permacultura, la tierra no es un receptor pasivo de nutrientes, sino un sistema vivo que respira, transforma y sostiene. Cuando abonamos desde la intención de cuidar al suelo primero, nutrimos también a quienes se alimentarán de él, generando un huerto donde cada raíz, cada lombriz y cada cultivo forma parte de una comunidad de vida. Abonar así no solo alimenta plantas: refuerza la red de vida bajo nuestros pies.






